domingo, 3 de febrero de 2008

Las ruinas de Palenque

El ruido estremecedor provenia de la selva.
Entraba por la ventana de la cabana de madera, precaria, mezclándose con la intensa luz de la luna llena, que por su ubicación podia indicarme que eran aproximadamente las 2 de la manana.
Nos habiamos acostado bien temprano. Quizas no mas de las 8.
Estábamos bien cansados, ya que arribamos a Palenque luego de un viaje de 6 horas, proveniente de San Cristobal de las Casas, por una carretera que serpentea subiendo la montañas de los altos de Chiapas. Verde. Mucho verde.Mas verde.
De Palenque, atraídos por el misterio de las ruinas Mayas, tomamos un minibus que nos trajo hasta esta cabaña.
Palenque, el poblado, no tiene gran encanto, un poblado comercial, no muy grande, con tiendas, ciberes y muchos comedores y puequenas estaciones de autobuses que salen en todas las direcciones y tienen, cada una, en sus puertas alguien que a los gritos anuncia el destino.
LAS PLAYASSSSSSSSSSSS, CANCUNNNNNNNNNNNNNN, LAS RUINASSSSSSSSS, OCOCINGOOOOOOOOOOOO.
Todo, siempre a los gritos.
En cambio, aquí en la selva el único sonido proviene de la espesura.
Por la ventana puedo ver la luna, arriba, llena.
El ruido se incrementa, son aullidos, fuertes con un ritmo parejo.
Son los Saraguatos, los monos aulladores de la selva.
Me vuelvo a dormir, pues en un par de horas nos levantaremos para ir rumbo a las misteriosas Ruinas de Palenque. El motivo de tomar este rumbo y encontrarnos aqui.
A las 5, aun de noche, nos levantamos. Queriamos vivir la inolvidable experiencia de ver el amanecer desde lo alto de los templos Mayas, ver despertar la selva desde el mismo lugar desde donde, quizas, 1350 anos antes lo habia hecho Pakal.
No teniamos linternas ni farolas, pero la luna llena permitia que una vez dilatadas las pupilas de los ojos pudiermos ver claramente por donde caminar en la noche.
Tomamos el camino que lleva al milenario sitio arqueologico.
Curiosamente los aullidos de los monos habia cesado y podian percibirse sonidos mas pequenos, como grillos, aves, buhos, cascadas lejanas y algunos que no podia reconocer.
El camino esta bien marcado y eran unos 4 kilometros cuesta arriba los que nos separaban del ingreso.
Con un poco de temor a lo desconocido, que le daba aun mas sabor al andar, fuimos avanzando.
Arboles gigantes dibujaban sombras que se recortaban en el cielo, que era azul, intenso.
Poco a poco un tono levemente mas claro, podia percibirse abriendose paso en el azul intenso, justo del lado opuesto en donde la luna comenzaba a perderse entre las sombras de la selva.
El amanecer comenzaba a vislumbrarse y en un momento la selva se silenció, completamente. Ese momento duró unos minutos y el aullido de los monos regresó.Pasamos varias curvas y aun de noche arribamos al ingreso de las misteriosas ruinas de Palenque. El amanecer se aproximaba, por ello apresuramos el paso.
Nuestra ansiedad crecia y podiamos sentir la energía de la selva transitar por nuestras venas. Estábamos llegando al lugar indicado y en el momento preciso.Faltaba muy poco.
A los lejos pudimos, en la noche, divisar el ingreso, un portal de madera con un techo de paja, del tipo de construcción llamadas Palapas.Finalmente llegamos y bajo una pequena luz, ténue y amarilla de una mortecina bolbilla de luz, nuestras ilusiones de amaneceres en templos, mirando despertar la selva desde los ojos de Pakal se dieron de frente contra la "carucha" de mala onda de un guardia que medio dormido y mientras se acomodaba una gorra que llevaba el logo de RUINAS DE PALENQUE, soltó la demoledora frase: ¡HASTA LAS 8 NADIE ENTRA!Hice intentos de seducirlo, primero expresándole la necesidad de poder contemplar "sus" maravillosas ruinas con las primeras luces de "su" sol.
Ante mi poético intento solo reaccionó repitiendo su frase. Posteriormente le dije del valor de poder fotografiarlas a esas horas para poder publicar esas fotos en quien sabe que revista de que pais, pero nada, "para eso necesita un permiso especial", respondio entrecerrando los ojos, apoyado sobre el escritorio como diciéndonos, márchense que quiero seguir durmiendo. El último intento fue la clasica "del agotamiento". Caminar de un lado al otro, apoyarme en el escritorio, cruzar las piernas, descruzarlas, mover las manos, desmoverlas, volvar a caminar, mover el piecito como "marcando el tiempo", intentando persuadirlo de que si no nos permitía ingresar esta tortura sicologica continuaría por 2 horas más, hasta que abra las condenadas puertas. A este último intento reaccionó con un ronquido y finalmente termino de apoyar su cabeza en el escritorio. La puerta detrás de él tenia un candado, asi que era imposible flaquearla sin que el tipo se despierte.
Como dos "papafritas", aburridos, de noche y con un "tufo" (calor + humedad) de selva calurosa y hémeda nos fuimos a sentar en el cordón de un estacionamiento que de misterioso tenia menos un amanecer en el "obelisco" (haciendo mención el obelisco de Buenos Aires).
La luz del sol comenzó finalmente a ganarle espacio a la noche y así los últimos vestigios de las mágicas formas de las sombras selváticas se fueron convirtiendo en tiendas (aún cerradas), un complejo de sanitarios pintado de celeste, un estacionamiento con cordones amarillos, un restaurante con una pizarra con precios europeos y unas cuentas construcciones más.Poco a poco el sonido de los monos aulladores fue dándole paso al chillido de las puertas de chapa de los "chiringos" donde se venden artesanias y el griterío de los vendedores ofreciendo llaveros con forma de "chile"(ají pincante mexicano), ceniceros con el Templo de los Reyes, tapices de Pakal, camisetas con frases como "WELCOME TO PALENQUE", otras con la imagen del "CHE" que no importa dónde y por qué, siempre está. Pulseritas de semillas, collares, flechas y hasta gatos que mueven su manito saludando, artesanía globalizada, pues prometo haberlas visto en las Ruinas Quilmes en Argentina, en Los guerreros de Terracota de Xian en China y en una vidriera de Berlín.A las 7,45, luego de comernos unos tacos que vendía una amable señora, nos fuimos hacia la ventanilla para comprar nuestro ' ticket" para ver las ruinas.Al menos, seremos los PRIMEROS, entre los tantos turistas que arribarán, en entrar, en el día de hoy.Ya nuestro desafío habia bajado un poco la puntería, pero nos motivó los últimos 15 minutos a mantenernos firmes frente a un vidrio con una mujer que desperezándose sellaba los boletos del día. Finalmente abrió la ventana y compramos nuestro pasaje a la magia de Pakal.
Para esta hora, como es de imaginar, una decena de autobuses con, en su mayoria turistas europeos de pasados los 65 años, se encontraban en el estacionamiento y los 10 autobuses por 45 turistas (aproximadamente), estaban en las tiendas comprando toda clase de recuerdo.
Rápidamente caminamos hacia la puerta de ingreso, y confieso que aguante mis ganas de "mear" para entrar primero.Si ya sé, " que imbécil" estarán pensando, pero quiero aclararles que sí, que definitivamente si están pensando eso tienen toda la razón.Finalmente llegamos a la puerta de ingreso, entregamos nuestro ticket al guardia que con una sonrisa de goce nos dijo, "BIENVENIDOS A PALENQUE".
Una vez dentro, emprendimos el andar por unos senderos muy bien arreglados y un sin numeros de cartelitos que decian "prohibido pasar", "prohibido subir", "prohibido bajar", "prohibido pisar".Bajo los templos, para quitarle los últimos vestigios de la mágia pretendida, cientos de artesanos con telas en el piso con cientos de artesanías, manejaban la cotizacioón de sus piezas con el metodo del "que desea y lo escucho": si la respuesta del posible comprador era "que precio tiene esto" la negociación comenzaba en un valor de "100 pesos mexicanos", pero si la respuesta era un " how much", todo cotizaba en otra moneda de cambio y 100 pesos mexicanos simplemente se convertian en "one hundry dolar for yu", que logicamente en una demostración de entrega y rebaja, totalmente creible, bajaba a la mitad. Asi que si tenemos en cuenta que 50 dolares son 500 pesos mexicanos ambos hacian un negocion!! Uno compraba a la mitad y el otro vendia al quintuple.
El promedio de recorrido de los tour no es mas que 1 hora, 1:30 en los que un guía los lleva a las corridas desplegando un sin número de información casi tan grande como el sin número de fotografías que el sinnumero de gente toma. Y aquí me gustaria contar que una de las partes mas entretenidas de nuestra visita fue quedarnos en 2 o 3 sitios claves a esperar que pasen cada grupo con su guía a razon de 10 minutos por sitio, 5 de explicación histórica y 5 de fotos y escuchar a los guias con sus diferentes versiones, tanto temporales como formales de la historia alli acontecida. De hecho solo algunas además coincidían con la información que luego vimos en el Museo de las Ruinas.
Otra de las parte entretenidas fue abandonar un sendero, continuar por uno sin marcación y con bastante lodo y sentarnos por más de 1 hora al pie de una cascada que bajada entre gigantescos árboles junto a la algunas partes aún no restauradas de las ruinas e imaginar, mientras escuchabamos a los monos, como debió ser aquella vida en ese sitio.
Luego de 5 horas de recorrer todo el lugar, intentar encontrar algun rincón donde la vista de los Templos este depejada de gente, o tratar de adentrarnos en los pasillos humedecidos de algunos templos para hayar cilencio regresamos a la cabaña.
No le resto bajo ningún motivo importancia e imponencia a estas maravillosas ruinas de una civilización incríble y si creo que es válido poder conocerlas y vivenciarlas y también soy consciente de que sino es de este modo, con vigilancia, pago de entrada y estricto control, el espíritu destructor que tenemos lograría en pocos años a 1 piedra por persona, que desaparecieran los vestigios de las ruinasSi bien, creo que todo debe tener un equilibrio y podría tener normas de seguridad sin que se convierta en un centro de ventas de recuerdos de los 45 minutos de visita y aun si así fuera, que al menos los vendedores se ubiquen en una zona un poco mas retirada y no bajo las puertas de los Templos.
En fin... finalmente cambiamos de parecer, en lugar de ir a Tonina y Chinchen Itza tomaremos otro rumbo.
Afortunadamente en el viaje a Palenque conocimos a Carolina una maestra muy simpática, en el pequeño bus de 10 plazas en el que veníamos y nos vamos a ir a un pueblito llamado Damazco a conocer a sus estudiantes y luego quedarnos unos dias en la comunidad Maya la Candona de Metzabok en la casa de una de sus alumnas, Tomasina, que vive junto a sus padres en medio de la Selva Lacandona.


































































































































































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