Si tengo que simplificar en pocas palabras la experiencia de nuestra estancia en San Cristobal de las Casas, al sur de México, en Chiapas, éstas serían las indicadas.
Mañana nos vamos... y así pasaron los días.
Gratamente, claro!
Llegamos tempranito a San Cristóbal, de mañana.
Cuando luego de viajar toda la noche en un bus de segunda desde Oxaca, abrí los ojos y miré por la ventana, la sensación fue extraña, como ir despertando en medio del mismo sueño. Pasaron varios minutos hasta que descubri que realmente estaba despierto.
Todo el viaje dormí profundamente. y cuando levanté, pesados, los párpados, la mañana se presentaba como haciéndole fuerza a la noche, y de color gris verdoso.
Unos cuantos minutos despues el sol comenzó a cortar el cielo y curiosamente su color era de un tono liláceo que jamás había visto. Ese tono extraño fue ganando el cielo y tiniendo los arboles de la selva cuyo verde habia virado a un color que no podia definir, ya que no era verde, no era azul y no era gris, pero era todos esos colores a la misma vez.
Un amanecer verdaderamente curioso, casi soñado.
La luz del sol fue creciendo y las nubes bajas eran de color magenta verdoso y el sol, ese sol jamás visto no terminaba de convertirse en un plato naranja. Froté mis ojos, porque un amanecer de estas caracteristicas jamás lo habia presenciado, me habian hablado de lo especial que eran estos paisajes, pero jamás esperé algo semejante y la naturaleza, toda, me lo estaba ofreciendo.
Dudé, dudé si en verdad no continuaba dentro de un sueño y esta cromática surrealista era producto de mis alucinaciones. Pero no, al frotar mis ojos comprobé que realmente estaba despierto y continuaba atónito frente a este espectáculo. Si bien continuaba con mi cabeza recostada contra el asiento, mirando por la ventana, estaba bien despierto. Y era increible. Bajé la mirada, busqué bajo el asiento mi cámara de fotos y levante la vista nuevamente buscando captar y congelar este momento. Recien ahi, fue cuando realmenté termine de despertar, la lucidez finalmente ganó me ser, mis pupilas se terminaron de contraer y mis ilusiones de amaneceres increibles dieron de lleno contra la realidad. El vidrio del colectivo tenia un vinil de color lila polarizado que todo lo que tenia al otro lado lo tranformaba alterando su cromática.
En fin.
Igualmente para mi fue increible.
Llegamos, al bajar de la estación como es frecuente en estos lugares nos abordaron una veintena de personas que ofrecen taxis y hoteleria variada. Logicamente entre la variada hoteleria que ofrecen a los que bajan de un autobus de segunda, sin más extranjeros que 2 parejas en total, no son precisamente los de 5 estrellas y baños con jacuzzi. Pero ahi es donde uno da con los mejores Hostels, los que seguramente tienen la hospitalidad más linda y cuando uno anda viajando mucho tiempo, y deja de sentir que esta de vacaciones y trata de convertirse en viajero, los hoteles, por más lindos y cómodos que sean se tornan en espacios frios.
Uno necesita una cocina, una sonrisa de mañana pero sonrisa de verdad.
Una heladera, una batidora, una cafetera y un cuchillo para cortar el pan.
En los lugares donde uno se queda más tiempo, es posible rentar departamentos amoblados, como en los 2 meses de Monterrey, pero cuando el tiempo de estancia es intermedio, lo que encontramos mas cómodo son los Hostels y principalmente los como la CASA DE ISABEL, son justamente eso, una casa.
Afortunadamente dimos con este lugar, porque no solo era un lugar cómodo, lindo, con una terracita donde todos los dias bajo el solcito que entibia el frio de San Cristobal en invierno podiamos leer, tomar té o conversar con gente como Jethil, un noruego musicologo que estaba investigando el "sabor" de la música latinoamericana sino que estaba ubicado ni muy cerca ni muy lejos del centro de la ciudad. En el punto justo, porque estáa en el limite entre la zona donde uno puede caminar cada noche y cada tardecita y encontar turistas de todas la nacionalidades y vendedores, artesanos indigenas y músicos en la calle y cafecitos y chiringos y vendedores de tamales y restaurantes con musica lounge y discos con música electronica y la otra parte de la ciudad, el resto de San Cristobal, el del mecanico, el almacén de barrio, el campito donde los chicos de ahi patean una pelota, el de las casitas despintadas, el de los cables invadiendo el cielo (en la zona centrica, todo es más "bonito", los cables van bajo tierra dejando el cielo despejado y las casas todas estan hermosamente pintadas de colores).
Cada dia caminábamos al mercado popular donde comprábamos verduras, pescados, frutas para cocinar o simplemente ibamos al mercado para caminar, una y otra vez regresabamos al mercado, todos los dias.
Los mercados nos atraen profundamente, este puntualmente, por la energia de la gente, las sonrisas serenas de los vendedores y vendedoras de los puestos nos hacia regresar a Lhasa, Tibet. Estar alla unos segundos y regresar.
A cuanto la cebolla?
cincuenta pesos la sandia!
En estos mercados podes comprarte zanahorias, camisetas, calzones, cortarte el pelo, comprar un pollo, comerte un "elote" (choclo), comprar un santito, un radiograbador, una moto, un pescado, una escoba, frijoles, tejidos maravillosos, cintos de hebilla dorada, unguento para todo tipo de quemadura y picazon, pócima para reconquistar a tu amor, velas para la envidia, tomates, tamales y recuerditos de Chiapas, que son muñequitos del Comandante Marcos con carita encapuchada y todo.
En San Cristobal tambien se puede tomar café y ¡que café!!.
Cada tardecita caminabamos al centro, donde sobre una callecita peatonal de un encanto particular, hay muchos cafecitos, donde uno puede sentarse y disfrutar de la cosa más importante que tiene el café más alla de su sabor... un hecho que lo trasciende, que es la capacidad de convertirse en tiempo, porque el café es en verdad un momento para charlar, para escribir, para callar, para leer el diario, para extrañar a mi sobrinita, para dibujar, para tantas cosas.
Las esquinas sin ochavas, al igual que en el norte argentino, permiten fantasear épocas sin autos.
En San Cristobal conviven los mexicanos, los turistas de todas las nacionalidades, los tsotziles, los choles, los mayas.
En San Cristóbal uno puede vivir un espectáculo sin igual en sólo 100 metros caminando con los ojos bien curiosos y en silencio.
Mañana nos vamos.